El concepto de Desarrollo Sostenible ha sido muy estudiado en la actualidad y ha sido objeto de discusión y análisis en varias cumbres de Jefes de Estados y de Gobiernos y de numerosos foros internacionales a partir de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, realizada en Río de Janeiro, en junio de 1992. Con su conceptualización, se trata de compatibilizar e integrar los aspectos económicos con los ambientales y los sociales.
El aspecto social viene dado por la diferencia de los estilos de vida de los países desarrollados fundamentalmente, así como también por la pobreza y la lucha por la supervivencia de la humanidad marginada pero ¿Podrán los países desarrollados reducir su elevado consumismo a costa fundamentalmente de la explotación de los recursos naturales de los países subdesarrollados y en vías de desarrollo?
Evidentemente, es una situación bien difícil de solucionar y muy compleja para la protección del medio ambiente y para el desarrollo de los países subdesarrollados porque las naciones desarrolladas no renuncian a su bienestar alcanzado ni las naciones subdesarrolladas al derecho al desarrollo, es muy difícil conciliar las contradicciones del capitalismo en virtud de una explotación racional del medio ambiente, el propio hombre aparece, como dijo Fidel en Río de Janeiro, como una especie en peligro de extinción.
JoAnne DiSano, Directora de la División de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas dijo "El desarrollo sostenible significa que tenemos que tratar de resolver los problemas de la pobreza, el consumo y el medio ambiente como un todo". Es un reto para el mundo este planteamiento atendiendo a las complejas contradicciones entre los países desarrollados y los subdesarrollados y teniendo en cuenta que la pobreza se eleva cada día más en los países del Tercer Mundo y el consumo aumenta en los países del Primer Mundo.
Otro de los aspectos importantes a considerar es el continuo y alarmante crecimiento demográfico. ¿A cuánto ascenderá la población mundial en el año 2050? Las Naciones Unidas estiman que alrededor de 9 mil millones de personas habitarán el planeta y la mayor explosión demográfica será en los países del Tercer Mundo. Esto asociado a la degradación del medio ambiente y a los hábitos consumistas creados y mantenidos por los países desarrollados es una preocupación mundial. Si continuamos con el modelo existente de producción y consumo, en el año 2050 se necesitarán 2 planetas para satisfacer las necesidades crecientes de los hombres y 4 planetas para el 2100.
Del discurso pronunciado por nuestro comandante Fidel Castro en las honras fúnebres de Andrés Voisin en el año 1964 [3] hemos extraído la siguiente cita:
"...el hombre transforma la naturaleza a medida que se desarrolla, a medida que crece su técnica; el hombre revoluciona la naturaleza, mas la naturaleza tiene sus leyes, y la naturaleza no se puede revolucionar impunemente. Y es necesario considerar esas leyes como un conjunto, es necesario e imprescindible y vital no olvidar ninguna de esas leyes.
En esta cita, Fidel hace un llamado a la reflexión en cuanto al uso sostenido de los recursos naturales, donde no se niega la transformación de la naturaleza por el hombre para su desarrollo pero sí la necesidad de que se haga sobre la base de la protección del medio ambiente y los recursos naturales en correspondencia con las leyes que rigen la naturaleza. Es un acercamiento al logro de un futuro desarrollo sostenible.
También en la sesión inaugural de la Primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estados y de Gobiernos celebrada en México en 1991, Fidel Castro dijo en su discurso [4]:
"... A pesar de nuestra cultura, idioma e intereses comunes, durante casi 200 años, desde que la mayoría de América Latina alcanzó su independencia, hemos sido divididos, agredidos, amputados, intervenidos, subdesarrollados, saqueados. Convertido a oro físico el total del valor de las divisas convertibles netas que salen de América Latina cada año, es superior al de todo el oro y la plata que España y Portugal extrajeron durante 300 años. Y así se postula todavía que podemos desarrollarnos. Nos han impuesto, además, sueños y modelos de consumo enajenantes y despilfarradores que no solo envenenan y arruinan el planeta sino que son incompatibles con las necesidades racionales de 4 000 millones de personas que viven en un Tercer Mundo cada vez más pobre. Nunca hemos sido capaces de alcanzar nuestros objetivos con nuestras propias fuerzas, a pesar de los inmensos recursos de nuestra naturaleza y la inteligencia de nuestros pueblos. Pudimos serlo todo y no somos nada."
Con esta cita queda evidenciado las desigualdades existentes entre los países ricos y sus ansias, cada vez mayores, de extraer las riquezas y los recursos naturales de los países subdesarrollados para satisfacer, a toda costa, sus hábitos consumistas no sus necesidades sin importarles las necesidades de millones de personas de los países del Tercer Mundo, es decir, sólo el 20 % de la población del planeta que viven en países del Primer Mundo consumen alrededor del 80 % de lo que se consume a nivel mundial, mientras que el otro 80 % de la población que vive en países subdesarrollados consume poco más del 1% del total del consumo.
Cerca de 1,300 millones de personas viven con menos de 1 dólar estadounidense al día; alrededor de 840 millones de personas en el mundo están desnutridas; más de 880 millones de personas no tienen acceso a servicios de salud y cerca de 17 millones mueren cada año de enfermedades que tienen curación. (PNUMA)
Se estima que el hombre primitivo consumía diariamente 2,5 litros de agua, 15 kg de aire y 1 800 kcal en energía y alimentos. Al mismo tiempo expulsaba 14,1 kg de aire usado, 0,9 kg de dióxido de carbono (CO2) y generaba heces con una Demanda Bioquímica de Oxígeno equivalente de 50 g.
En la actualidad, cada uno de los habitantes del planeta consume, como promedio, un volumen de agua 140 veces mayor, 2,5 veces más aire y 110 veces más calorías en alimentos y energía, generando 16 veces más CO2, apareciendo como nuevas figuras contaminantes los desechos industriales y los residuos tóxicos.
El diccionario de la Real Academia Española define el consumo como "gasto de aquellas cosas que con el uso se extinguen o destruyen". Parece muy sencillo pero no lo es, detrás de esto se encuentran complejos procesos de producción, distribución, uso y eliminación de esas llamadas "cosas destruidas o desechadas"
Son evidentes las diferencias entre el concepto de consumo dado por la Real Academia Española y la Conceptualización que hace el PNUMA. Por su puesto que el primer concepto data de muchos años atrás y el segundo es mucho más actual tomando en consideración los problemas ambientales, económicos y sociales del mundo de hoy. Esto responde a la concepción fundamental de la dialéctica, de que todo en la naturaleza está en un constante estado de cambio, "los conceptos pasan por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad" [5].
Son evidentes también las contradicciones existentes entre expertos vinculados al tema. Algunos defienden que el consumo está asociado al gasto de recursos hasta el agotamiento, lo cual incide en la concepción de algunos términos como por ejemplo "consumo de energía", considerando erróneo decir "consumo de energía" y manifestando que lo que se consume son sus portadores.
Sin embargo, otros expertos defienden la Conceptualización de consumo dada por el PNUMA. Si analizamos esta definición y tomando como ejemplo también el "consumo de energía", la interpretación es bien diferente, la energía no se crea ni se destruye, solamente se transforma en otras fuentes de energía, una parte de la energía trasformada, por ejemplo, en calor o electricidad es consumida y la otra se desecha, es decir, consumir no significa gastar hasta el agotamiento o destrucción total.
Analicemos la figura 1. En ella se muestra el modelo actual para la extracción, producción y consumo insostenible de recursos en el mundo.

Fig. 1. Modelo actual del ciclo insostenible de extracción, producción y consumo de recursos.
Cuando se incrementan los niveles de consumo, tiende a aumentar la producción y con ello el uso intensivo de los recursos naturales, la generación de residuos y la contaminación.
El proceso comienza en la extracción desmedida de los recursos naturales para la producción de materias primas y materiales que serían utilizados posteriormente por la industria y los servicios. En este proceso interviene la acción antrópica del hombre sobre el medio y la tecnología empleada generándose residuos y emisiones que afectan el medio ambiente natural y crean conflictos sociales.
Las materias primas extraídas crudas y/o semielaboradas son utilizadas para la producción de bienes y servicios. En este proceso interviene otras fuentes de entrada como el agua, la energía y otros insumos y donde la tecnología empleada juega un papel importante. Como resultado obtenemos productos o servicios terminados pero también obtenemos residuos y emisiones que pueden llegar a ser muy peligrosos para la vida humana y para el medio ambiente.
Cuando crece la economía, se eleva el consumo de productos y servicios. Los productos elaborados y el servicio ofertado son utilizados por los consumidores de manera desigual para satisfacer sus necesidades en algunos casos, para aumentar los hábitos consumistas en otros y para no consumir casi nada en aquellos países con una pobreza extrema.
En este proceso de consumir se generan grandes cantidades de residuos que pudieran en algunos casos ser reciclados, reusados, transformados sin que sean dispuestos en vertederos afectando también el medio ambiente y la salud humana.
En todos los procesos descritos anteriormente juega un papel fundamental el agua y la energía, recursos indispensables para garantizar la supervivencia humana y que hoy en día son objeto de preocupación a nivel global.
El agua constituye el 70% de nuestro planeta y se encuentra dispersa en los océanos, ríos, lagos y casquetes polares. Del total de agua que existe en el mundo, sólo se puede utilizar el 0.35% para consumo humano.
Los problemas relacionados con el agua hoy afectan a la humanidad. Mientras que en algunos lugares se puede obtener fácilmente agua limpia y fresca, en otros es un recurso difícil, debido a su escasez o a la contaminación de sus fuentes. Aproximadamente 1.100 millones de personas, es decir, el 18% de la población mundial, no tiene acceso a fuentes seguras de agua potable, y más de 2.400 millones de personas carecen del saneamiento adecuado. En los países en desarrollo, más de 2.200 millones de personas, la mayoría de ellos niños, mueren cada año a causa de enfermedades asociadas con la falta de acceso al agua potable, saneamiento inadecuado e insalubridad. Además, gran parte de las personas que viven en los países en desarrollo sufren de enfermedades causadas directa o indirectamente por el consumo de agua y alimentos contaminados por organismos portadores de enfermedades que se reproducen en el agua. A esto le sumamos el sobre consumo por parte de la industria y los servicios, la agricultura y el hogar, la contaminación industrial y doméstica y la escasez de este recurso a nivel mundial que se estima que sea la causa de futuras guerras.
Indudablemente, las acciones internacionales en virtud del ahorro y uso racional de este preciado recurso se tornan indispensables para la sociedad.
La energía es otro de los recursos objeto de preocupación en el mundo. Diferentes causas han propiciado que se le preste gran atención al manejo de la energía como:
- El elevado crecimiento global de la economía y la población mundial
- Vida limitada de las fuentes convencionales de energía.
- Precios exorbitantes de los combustibles fósiles (en los últimos 30 años los precios del hidrocarburo en el mercado ascendieron en 30 veces su valor).
- Volatilidad e incertidumbre en el mercado internacional de los hidrocarburos.
- Impactos ambientales globales que provoca la explotación de los combustibles fósiles (efecto invernadero y calentamiento global de la atmósfera)
- Tensiones entre las naciones debido al acceso limitado a los combustibles fósiles convencionales.
- Potencialidades reales para la explotación de las energías renovables
Por otro lado, el consumo desigual e insostenible de los portadores de la energía es alarmante. En el mundo hay 1 600 millones de personas que no tienen acceso aún a la energía eléctrica y 2 400 millones, más de las dos terceras partes de la población mundial, que todavía cocinan y se calientan con fuentes combustibles tradicionales como la leña y que están fuertemente impactados por la contaminación del aire. Hay millares de personas en el mundo que viven en la indigencia.
Los Estados Unidos, con sólo el 5% de la población mundial consumen y despilfarran casi el 26% de todo el petróleo que se extrae del planeta; su producción de crudo alcanza sólo 11% y poseen únicamente 2% de las reservas globales. El consumo de fuentes de energía en la Unión Europea también proviene en su mayoría de combustibles fósiles con 79% del total (41% petróleo, 22% gas natural y 16% carbón mineral), mientras las centrales nucleares aportan 15% y las fuentes renovables, sólo el 6%.
Para hacer frente a estos problemas hace falta un enfoque común, lo que obliga a los países a integrar sus políticas sobre energía en una planificación global del desarrollo sostenible.
La acumulación de gases de efecto invernadero, en su mayor parte, han sido el resultado de más de un siglo de actividad intensiva en los países industrializados del mundo que siguen consumiendo energía insostenidamente causando la mayoría de las emisiones. En los países en desarrollo, el consumo de energía per cápita oscila actualmente entre un tercio y un quinto del de los países desarrollados.
"El incremento previsto del calentamiento global probablemente no tenga precedente alguno durante al menos los últimos 10 000 años, según los datos paleoclimáticos", dijo el Dr. R. K. Pachauri, Presidente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático.
El Cambio Climático es uno de los retos más importantes a los que se enfrentan los países en el siglo XXI materializado en dos instrumentos jurídicos, la "Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático" y el "Protocolo de Kyoto", que desarrolla y dota de contenido concreto a las prescripciones genéricas de la Convención.
El Protocolo de Kyoto, firmado por 150 países, entró en vigor el 16 de febrero de 2005. En virtud del mismo, los países desarrollados y las economías en transición se comprometen a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero hasta situarlas, como promedio, en un 5,2% por debajo de los niveles del año 1990 durante el período 2008 - 2010.
La Unión Europea, tras ejercer un fuerte liderazgo en las negociaciones, asumió la obligación de reducir dichas emisiones en un 8% respecto al año 1990; Estados Unidos un 7 % y Japón un 6%.
Para cumplir con el Protocolo de Kyoto surgen los mecanismos de flexibilidad [6] que facilitan a los países desarrollados y a las economías en transición el cumplimiento de sus compromisos de reducción de emisiones y apoyan el crecimiento sostenible en los países en desarrollo a través de la transferencia de tecnologías limpias. Se contribuye así a alcanzar el fin último de la Convención de Cambio Climático: la estabilización de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los mecanismos de flexibilidad son tres: el Comercio Internacional de Emisiones (CE), el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y el Mecanismo de Aplicación Conjunta.
El Comercio Internacional de Emisiones consiste en la compra-venta de créditos entre países con compromisos de reducción (países desarrollados y economías en transición) y/o sus empresas (siempre y cuando estén autorizadas por los países) para cumplir, de forma eficiente desde el punto de vista económico, los compromisos adquiridos en el marco del Protocolo de Kyoto. De esta manera, los que reduzcan sus emisiones más de lo comprometido podrán vender los créditos de emisiones excedentes a los países que consideren más difícil cumplir sus objetivos.
El Mecanismo de Desarrollo Limpio consiste en la realización de proyectos en países en desarrollo, auspiciados por los países desarrollados, para que generen un ahorro de emisiones adicional al que se hubiera producido en el supuesto de haber empleado tecnología convencional, o no haber incentivado la capacidad de absorción de las masas forestales. Las Reducciones Certificadas de Emisiones (RCE) así obtenidas pueden ser comercializadas y adquiridas por las entidades públicas o privadas de los países desarrollados o de las economías en transición para el cumplimiento de sus compromisos de reducción en el Protocolo de Kyoto.
El Mecanismo de Aplicación Conjunta se basa en el mismo principio del Mecanismo de Desarrollo Limpio. El ahorro de emisiones debe ser verificado o bien por el país receptor del proyecto conforme a su procedimiento nacional, o bien por una Entidad Independiente acreditado por el Comité de Supervisión del Mecanismo de Aplicación Conjunta.
Todos los países desarrollados y con economías en transición podrán ser receptores de proyectos de Acción Conjunta. Los países con economías en transición se beneficiarán de las inversiones en tecnologías limpias y de la modernización de sus sectores económicos.
Al igual que en el caso de Mecanismo de Desarrollo Limpio las Unidades de Reducción de Emisiones (URE) obtenidas pueden ser comercializadas y adquiridas por las entidades públicas o privadas de los países desarrollados o de las economías en transición para el cumplimiento de sus compromisos de reducción en el Protocolo de Kyoto.
Los ingresos derivados de la comercialización de las Unidades de Reducción de Emisiones del Mecanismo de Aplicación Conjunta y de las Reducciones Certificadas de Emisión del Mecanismo de Desarrollo Limpio mejoran la viabilidad económica de los proyectos, originando un aumento de la demanda mundial en un número muy amplio de sectores: energías renovables, gestión de residuos, eficiencia energética, agua, generación eléctrica, procesos industriales, edificación, transporte, selvicultura, etc.
¿Son realmente los Mecanismos de Flexibilidad una solución para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero?.
Evidentemente los países pobres necesitan de tecnologías más eficientes y limpias para su desarrollo y esto es aprovechado por los grandes países desarrollados para "cumplir" con los compromisos del Protocolo de Kyoto lo cual no ayuda en la reducción de las emisiones de quienes de verdad las emiten en grandes volúmenes ocasionando serias afectaciones a la salud humana y al medio ambiente y poniendo en peligro la existencia de las futuras generaciones.
Se impone por tanto, un reto para la humanidad. La búsqueda de nuevas fuentes alternativas de energía y el incremento de su uso, el aumento de la eficiencia energética y la reducción de las emisiones tiene que ser asumido de forma inmediata por todos los países del mundo fundamentalmente por los países desarrollados quienes deben responsabilizarse y comprometerse con la reducción de sus propias emisiones.