Viñales, entre encantos y rarezas

Parajes plagados de especies autóctonas de flora y fauna, sin ejemplares letales para el hombre y llenos de historia, invitan a andar los trillos del Valle de Viñales, en la provincia de Pinar del Río, declarado por la UNESCO Paisaje Cultural de la Humanidad.

Cada vez más crece el afán de cubanos y extranjeros por  recorrer rutas que, en algunos casos, tuvieron como primeros huéspedes a emigrantes europeos y sus esclavos, radicados en Vueltabajo centurias atrás.

Los senderos ofrecen entre sus principales atractivos la observación de aves, su flora matizada por el endemismo, y  aspectos geológicos e históricos y culturales.

Cautiva al caminante la apreciación de las rocas, los enigmáticos mogotes dispersos en el profuso valle y de manera especial exponentes del mundo vegetal, que constituyen verdaderas rarezas.

Es el caso de la llamada Palma corcho, considerada un fósil viviente por su origen prehistórico, endémica de esta región más occidental de Cuba, la cual fue declarada Monumento Nacional Natural, condición que la distingue como reliquia botánica.

Procedente del período jurásico, la Microcyca calocoma  -su nombre científico- es  la única especie vegetal que logró sobrevivir a los complejos procesos de petrificación y de mineralización ocurridos en nuestro planeta hace millones de años.

Puede encontrarse en zonas intrincadas de ese territorio formando colonias, que son bien cuidadas, toda vez que la planta permanece en estado crítico de extinción, según páginas digitales y pertenece a las cícadas de la familia Zamiaceae y única de su género.

Su nombre popular lo debe a la constitución esponjosa de su tronco, en tanto la palma alcanza como promedio unos cinco metros de altura, con diámetro hasta de 60 centímetros y sus hojas, también llamadas pencas, tienen la forma de una copiosa y verde corona.

A su declive contribuyó la tala excesiva a inicios del pasado siglo, causa principal de su casi desaparición, pero en la actualidad se cuida y preserva para que las futuras generaciones puedan contar con esa reliquia.

Ella es uno de los prototipos que adornan el paisaje matizado por los casi exclusivos mogotes de esa zona pinareña,  donde crecen otras rarezas como la bonita de la sierra, un ejemplar curioso que muere cuando termina su floración.

Se asemeja a un helecho arborescente, por su tronco recto, con un penacho de hojas en su extremo, pero sus ramos de flores rosadas, entre otras características, permiten identificarla con exactitud, al decir de expertos.

Los rosáceos ramilletes nacen sólo cuando la planta es adulta, de 15 a 20 años, y marcan el principio del fin para el vegetal que florece una vez en su vida y fenece.

Pero Viñales posee además otros encantos, al radicar allí los mayores sistemas cavernarios de Cuba,  como es el caso de la Gran Caverna de Santo Tomás, mientras en la profusión de espeluncas sobresale la Cueva del Indio, atravesada por el río San Vicente.

A 1870 se remonta la fundación de su centro urbano, que  agradeció su auge económico al animado comercio de cabotaje realizado a través de Puerto Esperanza, antiguo embarcadero de San Cayetano, y aún conserva su aire colonial y es orgullo de los lugareños.

Célebre  por la hermosura de sus parajes, su valle escoltado por mogotes, que algún poeta comparó con elefantes dormidos, atrae hoy a viajeros de múltiples latitudes, interesados en conocer la zona, una de las de mayor antigüedad de Cuba.

Fuente: ACN

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    Ultima Actualización: Miércoles 15 Noviembre 2017.