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Cuba tiene una gran diversidad de ecosistemas
con características propias, muchos de ellos estrechamente
interrelacionados, pero también con una alta fragilidad
y vulnerabilidad, en lo que juega un papel determinante la condición
de insularidad.
El país se caracteriza por la alta complejidad y heterogeneidad
de sus paisajes, condicionadas, entre otros factores, por la
situación del archipiélago en la zona tropical,
su configuración estrecha, alargada y sublatitudinal,
la constante influencia marítima, la estacionalidad climática,
el amplio predominio de rocas carbonatadas, la marcada influencia
de los procesos neotectónicos en la diferenciación
del relieve, la preponderancia de las llanuras y el alto endemismo
y diversidad de la biota.
De acuerdo con las grandes morfoestructuras del relieve y las
condiciones climáticas regionales, en Cuba se distinguen
diferentes tipos de paisajes, estos son: montañas húmedas;
alturas y colinas húmedas y medianamente húmedas;
montañas secas; alturas y colinas secas; llanuras medianamente
húmedas y llanuras secas.
Por su parte, en la zona
costera cubana, se localizan los principales ecosistemas
marinos del país, como: los arrecifes
coralinos y los pastos marinos (estos últimos conocidos
en Cuba como seibadales), los fondos arenosos (que incluyen
a las playas),
los fondos fangosos y los fondos rocosos de macrolaguna y las
lagunas costeras. Especial significación tiene el ecosistema
de manglar,
por su abundancia y el papel que juega en la protección
de la zona costera.
Por su importancia, dentro del mosaico de ecosistemas cubanos,
se destacan:
los
ecosistemas de montaña
los
arrecifes coralinos
las
playas de arena
los
humedales
los
manglares
Especial atención se le concede a las cuencas hidrográficas,
ya que en ellas están presentes diferentes ecosistemas
terrestres y costeros.
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